Drama
Suicidio frustrado
Cuando el afamado médico estaba haciendo la digestión de la comida, vinieron a reclamar su auxilio para un caso verdaderamen…
El suceso del día
Celso Ruiz, la prudencia misma, ¿cómo ha podido provocar al caballero Alberti, duelista célebre, tirador maravilloso q…
La pared
Siempre que los nietos del tío Rabosa se encontraban con los hijos de la viuda de Casporra en las sendas de la huerta o en las calles…
El otro monasticón
Como el suceso que voy a referir es verdadero en substancia, será misericordia ocultar los nombres, bien así de la ciudad dond…
El genio de la especie
Doctor, doctor, soy feliz! El médico, de pie ante el lecho del enfermo, se llevó un dedo a la boca, en actitud de imponerle si…
Música
Las dos hijas del Gran Compositor -seis y siete años- estaban acostumbradas al silencio. En la casa no debía oírse ni u…
La muerta
Aquella caseta de peones camineros fue puesta por orden de la Compañía al borde de un torrente seco, especie de cicatriz negra…
El primer suplicio
Fue en el sitio de 1870.
Lo recuerdo bien. Todo se grabó en mi pupila y luego indeleble en el fondo de mi memoria.
La mañana e…
La que envejeció tres veces
Aquella mujer había sido madre de tres hijas: de tres hijas hermosas que reproducían sucesivamente la imagen de su belleza ori…
Nadie encendía las lámparas
Hace mucho tiempo leía yo un cuento en una sala antigua. Al principio entraba por una de las persianas un poco de sol. Despué…
Mari Belcha
Cuando te quedas sola a la puerta del negro caserío con tu hermanillo en brazos, ¿en que piensas, Mari Belcha, al mirar los mo…
Las indirectas del padre Cobos
Célebres entre agudos y entre bobos
las indirectas son del padre Cobos;
mas como habrá sin duda quien aprecie
…
El maniquí
Nueve años habían transcurrido desde que Luis Santurce se separó de su mujer. Después la había visto envu…
Contentar a todos
Hay cerca de Ratisbona
dos lugares de gran fama,
que el uno Ágere se llama,
y el otro, Macarandona.
Un solo cura s…
Ruego a la muerte
Enseñé, no me escucharon;
escribí, no me leyeron;
curé mal, no me pren…
El señor de Magaz
El señor de Magaz vivía en su palacio con sus dos hijas, Iluminada y Laura. Al encontrarse viudo, la mayor no pasaba de los si…
Dura necesidad
Dura necesidad, madre afrentosa
de la vergüenza y vil atrevimiento,
escuridad del claro entendimien…
La oración de Semana Santa
El último chá de Persia, que, según nadie ignora, murió a manos de un fanático, tuvo en su historia una p…
Los mudos
Aquella tarde, en el paseo, llamó mi atención un grupo original.
Formábalo una mujer, joven aún, como de trein…
El héroe
Acababa de llegar aquella mañana a la línea de fuego.
Tenía el aspecto cansado; la fisonomía, grave y tr…