Ficción Gótica
La nochebuena en el purgatorio
El poeta suicida, que me había guiado por los laberintos y recovecos de los círculos infernales, me sacó al fin de la c…
El sueño y la muerte
Al sentirse envarado por el sueño y la muerte se apresuró a irse a la cama.
Quería saber quién iba a ll…
La máscara del dominó negro
Era, seguramente, por ei aire de misterio que parecía envolverla, la máscara más interesante que había aquella n…
Catalepsia
Giró mi espíritu sobre sí mismo, aleteó un momento, y, como pájaro herido, cayó repentinamente. Ca…
Leyenda del gobernador y el escribano
En tiempos que pasaron, fue gobernador de la Alhambra un anciano y valeroso caballero, el cual, por haber perdido un brazo en la guerra er…
Santa Baya de Cristamilde
I
Doña Micaela de Ponte y Andrade, hermana de mi abuelo, tenia los demonios en el cuerpo, y como los exorcismos no bastaban a curarla…
Las estatuas
En el jardín de Brighton, colegio de señoritas, hay dos estatuas: la de la fundadora y la del profesor más famoso. Cier…
La misa de las sombras
He aquí lo que el sacristán de la iglesia de Santa Eulalia, en Neuville-d’Aumont, me contó bajo el emparrado del Cheval…
La sepulturera
I
— ¡Ahí tienes la cena! Yo no tengo ganas.
—Pues están muy apetitosas las chuletas, y el arroz huele a gloria... &ique…
Unida a la muerte
X
Ninguna palabra dejaban escapar los labios de Selim: un solo suspiro expresaba cada uno de sus pensamientos, que volaban hacia Zule…
Verdadera falsa muerte de Calígula
Calígula quizá no murió así, pero debió morir así.
El bárbaro tetrarca -por ser tres veces …
El busto de mármol
A Jacinto López
¿Mis celos? No sé en verdad cuál era el fundamento de mis celos. Tristán, el delicado pin…