Gothic Fiction
El antepasado
-Durante la temporada de los baños de mar -dijo Carmona, nuestro proveedor de historias espeluznantes- hice migas con un muchacho que…
El vampiro
—Padre, nadie ignora que Su Reverencia es el confesor más austero y rígido de la Iglesia. Por eso le he elegido para confesarl…
El loco de los relojes
Con este nombre designaban en uno de nuestros primeros manicomios a un pobre demente, que antes de serlo se llamaba D. Isidoro Val…
Más fuerte que la muerte
Todos los que conocimos en la intimidad a Luis de Guevara—el inquietante y sibilino poeta del misterio y del más allá—guardamo…
La extraña muerte de Fray Pedro
I
Visitando el convento de una ciudad española, no ha mucho tiempo, el amable religioso que nos servía de cicerone, al pasar p…
El beso
2
En la época a que se remonta la relación de esta historia, tan verídica como extraordinaria,, lo mismo que al present…
La Cueva De La Mora
"Por explicación de aquel buen hombre vine en conocimiento de que acerca del castillo árabe y del subterráneo que …
La tortura por la esperanza
A Monsieur Édouard Nieter
Oh, una voz, una voz, para gritar!
Edgar Poe: El pozo y el péndulo
Al atardecer, el venerable Pedro …
El príncipe del mar
A Francisco de Villaespesa
Aquel cuartito de Octavio era un caprichoso museo de exquisitos despojos femeniles. Allí se encontraban tr…
El espectro
Todas las noches, en el Grand Splendid de Santa Fe, Enid y yo asistimos a los estrenos cinematográficos. Ni borrascas ni noches de hi…
La dama blanca
I
Tiene la humanidad ocurrencias extraordinarias, caprichos verdaderamente raros, excentricidades artísticas, cuya explicació…
El país en que la lluvia era luminosa
Después de lentas jornadas a caballo por espacio de medio mes y por caminos desconocidos y veredas sesgas, llegamos al país de…
El miserere
Hace algunos meses que visitando la célebre abadía de Fitero y ocupándome en revolver algunos volúmenes en su ab…
El automóvil de la muerte
A Enrique Díez-Canedo
Los campesinos estaban indignados, con esa indignación que atropella por todo, que no mide ya…
Viola Acherontia
Lo que deseaba aquel extraño jardinero, era crear la flor de la muerte. Sus tentativas remontaban a diez años, con éxit…
El hombre que ríe
Señor doctor, yo soy Tony Garnier, el famoso clown Tony Garnier, que poseí el raro secreto de la risa. Yo soy el hombre que r&…
El palacio de hielo
I
–¿Quieres un cuento oriental en el que pasen caravanas de fetiches sedientos, caballeros en arqueados dromedarios hacia espejismos…
El aparecido
La cosa del mundo a la cual los filósofos otorgan menos fe es a los aparecidos. No obstante, si el caso extraordinario que voy a cont…
El ciego
La tarde del 24 de diciembre le sorprendió en despoblado, a caballo y con anuncios de tormenta. Era la hora en que, en invierno, de r…
El gato negro
Unos doscientos escalones tenía yo que subir para llegar a la primera plataforma de la torre. Las golondrinas que anidaban en el ver…