Literary Criticism
El último deseo
Detuvieron un coche y se hicieron conducir al cementerio. Era el 6 de Enero, la Pascua de Reyes, la fiesta tan deseada de los niños; …
La fábula de los ciegos
Durante los primeros años del hospital de ciegos, como se sabe, todos los internos detentaban los mismos derechos y sus pequeñ…
El oro inglés
Leía yo, acostado, tratando de dormirme, El Imparcial. De pronto, sobre el cielo raso sonoro como el parche de un tambor — &iexc…
Amé dieciocho veces pero recuerdo solo tres
Para una vida de cuarenta años, pensándolo bien, no es mucho: no prueba ni inconstancia ni falta de seriedad amar dieciocho ve…
El vicio
Camino del colegio, por aquella calle de casas señoriales, a través de cuyo zaguán se entreveía en el patio anch…
Historia vulgar
La quiso un poeta; la quiso mucho y largos meses distrajo su esperanza en los linderos del jardín donde mariposeaba la niña.
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El túnel
Un lago, sereno y azul, en el marco profundo de las montañas, coronadas de nieves perpetuas; el encaje obscuro de los jardines descie…
Elizabide el Vagabundo
Muchas veces, mientras trabajaba en aquel abandonado jardín, Elizabide el Vagabundo se decía al ver pasar a Maintoni, que volv…
En busca de la verdad
De la ciudad de la inocencia,
que es una ciudad de eterno amanecer
Por un ancho camino, a trechos florido y a trechos polvoriento y …
Sueños
La comida, una comida de amigos, había terminado. Eran cinco: un escritor, un médico y tres célibes ricos, sin profesi&…
La escalera
—¿Sabes quién ha vuelto de París?—me preguntó ayer un amigo.
—¡Qué he de saber, hombre! Vamos, dim…
El puñal
En un cajón hay un puñal.
Fue forjado en Toledo, a fines del siglo pasado; Luis Melián Lafinur se lo dio a mi padre, qu…
La flor de la salud
No lo dude usted -declaró el médico, afirmándose las gafas con el pulgar y el anular de la abierta mano izquierda. - He…
La corrección
A las cinco, la corneta de la cárcel lanzaba en el patio su escandalosa diana, compuesta de sonidos discordantes y chillones, que re…
Carta que se encontró a un ahogado
¿Me pregunta usted, señora, si me burlo? ¿No puede usted creer que un hombre no haya sentido jamás amor? Pues bi…
El remanso
La estancia El Remanso quedaba a cuatro horas de tren, en el oeste de Buenos Aires. Era un campo tan llano que el horizonte subía so…
Dos vidas
Guillermo y Antonio se encontraron, a los diez y nueve y diez y ocho años, respectivamente, huérfanos de padre y madre y con…
Con pasión
Hasta después de su pubertad, nadie advirtió la pasión que la dominaba: el deseo de inspirar compasión. Y ese d…
El fabricante de honradez
IX
Conforme había previsto Mirahonda, tocáronse luego las tristes consecuencias de la imprudente contrasugestión.…
El hacha mística
Era lo que se llama un investigador. Buscaba el misterio de la vida, que lo es de la muerte, ya que ese misterio no es sino la linde misma …