Poesía
Canción de otoño en primavera
¡Juventud, divino tesoro,
ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces llor…
Solitude
RIE, y el mundo rie contigo:
Llora, y lloras solo.
Lo que la triste vieja tierra debe prestar es alegría
Pero ella …
Ya que para pedirme
Ya que para despedirme,
dulce idolatrado dueño,
ni me da licencia el llanto
ni me da lugar el tiempo,
h&aacu…
La Cautiva
La Cautiva es un poema narrativo épico, publicado originalmente en 1837. Se considera la obra más representativa del romantici…
La ninfa
En el castillo que últimamente acaba de adquirir Lesbia, esta actriz caprichosa y endiablada que tanto ha dado que decir al mundo po…
Cuarto solo
Si te atreves a sorprender
la verdad de esta vieja pared;
y sus fisuras, desgarraduras,
formando rostros…
Totum revolutum
En este libro se reúnen diversos poemas satíricos sobre diferentes circunstancias de la vida, tales como el matrimonio, la mue…
La isla de la muerte
¿En qué país de Ensueño, en qué fúnebre país de Ensueño está la isla Somoria…
Las ventanas se han estremecido
Las ventanas se han estremecido, elaborando una metafísica del universo. Vidrios han caído. Un enfermo lanza su qu…
Ciudad
Un llanto,
un llanto de mujer
interminable,
sosegado,
casi tranquilo.
En la noche, un llanto de mujer me ha de…
Biarritz
Y ¡cómo decir el sortilegio de esta playa en que todos los lujos, todas las elegancias, todos los refinamientos, forman contr…
La oración del ateo
Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,
y en tu nada recoge estas mis quejas,
Tú que a los pobres hombres nunca dejas
sin consue…
Libélula
Tentada por una flor, la mariposa se enamoró de la vida. Olvidó a sus hermanas, y en su propio espíritu hall&oac…
A un pesimista
Hay demasiada sombra en tus visiones,
algo tiene de plácido la vida;
no todo en la existencia es una herida
donde brote la sangre a b…
A una adúltera
Sólo en ti, Lesbia, vemos que ha perdido
El adulterio la vergüenza al cielo,
Pues que tan claramente…
Tras un amoroso trance
Tras de un amoroso lance
y no de esperanza falto
volé tan alto tan alto
que le di a la caza alcance.
Para que yo al…
Oración final
Tú que callas, ¡oh Cristo!, para oírnos,
oye de nuestros pechos los sollozos;
acoge nuestras quejas, los gemidos
de este…
Annabel Lee
Hace de esto ya muchos, muchos años,
cuando en un reino junto al mar viví,
vivía allí una virgen que…
A mis soledades voy
A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.
No s&eacut…
Decir las cosas bien
Decir las cosas bien, tener en la pluma el don exquslto de la gracia y en el pensamiento la inmaculada linfa de luz donde se ba&nt…