Poesía
El pesimista corregido
VII
Cierta tarde otoñal, tibia y serena, paseaba Juan por las umbrías alamedas del Retiro, no lejos de la glorieta del A…
Troncos de soledad
Troncos de soledad,
barrancos de tristeza
donde rompo a llorar
Tus ojos se me van
de mis ojos y vuelven
de…
Juventud
Estancia soleada:
¿Adónde vas, mirada?
A estas paredes blancas,
clausura de esperanza.
Paredes, techo…
Coplas por la muerte de su padre
A la muerte del maestre de Santiago don Rodrigo Manrique, su padre
Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
…
La última página de Darío
Sol del domingo... Rásgase como un largo velo de tiempo y he aquí que se oye un cántico de campanarios; sois vosot…
El mar
Creía en la montaña pero soñaba con el mar.
Ciertamente lo ignoraba. Su extensión. Su color. Su cambiante movili…
El sátiro sordo
Habitaba cerca del Olimpo un sátiro, y era el viejo rey de su selva. Los dioses le habían dicho: "Goza, el bosque es tuyo…
Las cuatro edades del mundo
Brilla en los vasos el purpúreo vino;
Los comensales en beber se animan;
Entra el cantor, y juntan su destino
Con &…
Poema
Poema del nobel colombiano Gabriel García Márquez, titulado "Canción"
Querer
Querer, querer, querer,
esa fue mi corona:
Esa es.
Entre las fatalidades
que somos tú y yo, é…
La celeste silenciosa
Cerraron el rostro que fue idéntico
Al más alto sueño de la augusta infancia
Y pájaros temerosos en …
Pasión de poeta
Oye lo que sucedió
a un poeta con su ama:
Como dicen que se inflama
de un espíritu su pecho,
de cuyo a…
La gota de agua que no quería perder su "individualidad"
Por la noche, en el verano, a partir de las doce pueden regarse los tiestos.
Se supone que a las doce –y se supone mal– nadie pasar…
El caballo de bronce
Niños, que de siete a once,
tarde y noche, alegremente,
jugáis en torno a la fuente
del gran caballo de bron…
La desesperación de la vieja
La viejecilla arrugada sentíase llena de regocijo al ver a la linda criatura festejada por todos, a quien todos querían agrada…
La última inocencia
Partir
En cuerpo y alma
Partir.
Partir
Deshacerse de las miradas
Piedras opresoras
Que duermen en la gar…
La máscara
Aparto el libro. Desde la mesa de trabajo contemplo, entre el humo del cigarro, una estatuita de Minerva.
El casco de bronce cubre su hel&…
Cuando dormida tú
Cuando, dormida tú, me echo en tu alma
y escucho, con mi oído
en tu pecho desnudo,
tu corazón tranqui…
Naufragio inconcluso
Este temporal a destiempo, estas rejas en las niñas
De mis ojos, esta pequeña historia de amor que
Se cierra como …
Canción de la muerte
Débil mortal no te asuste
mi oscuridad ni mi nombre;
en mi seno encuentra el hombre
un término a su pesar.
Yo, compasiva, te o…