Alba
Un árbol de Noel y una boda
Hace un par de días asistí yo a una boda... Pero no... Antes he de contarles algo relativo a una fiesta de Navidad. Una boda e…
Viven porque están muertos
—El amor es un estado patológico que dura más en los débiles y menos en los fuertes —dijo el joven mirando fijamente a …
Tenga para que se entretenga
Estimado señor:
Le envío el informe confidencial que me pidió. Incluyo un recibo por mis honorarios. Le ruego se sirva…
Corazonada
(Montevideanos, 1959)
Apreté dos veces el timbre y en seguida supe que me iba a quedar. Heredé de mi padre, que en paz descan…
Doña Fortuna y Don Dinero
Pues, señores, vengamos al caso: era éste que vivían enamorados doña Fortuna y don Dinero, de manera que no se …
En la cripta
Nada más absurdo, a mi juicio, que esa tópica asociación entre lo hogareño y lo saludable que parece impregnar l…
El entierro de las ratas
Mientras hablábamos, un hombre viejo -más viejo y más encorvado y lleno de arrugas incluso que la mujer apareció…
La primera aventura
Es asombrosa la forma en que lo vivido puede parecemos extraña e incluso cómo puede desaparecer de la cabeza. Años ente…
La gente astuta
Un buen día un campesino cogió su bastón de carpe del rincón y le dijo a su mujer:
— Trina, me voy ahora a ha…
Antes de dormir
Te llevo como un objeto perteneciente a otra edad, encontrado un día al azar y que palpamos con manos ignorantes. ¿Fragmento …
El árbol que no sabía quien era
Había una vez en un lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un jard&iacu…
Ex oblivione
Cuando me llegaron los últimos días, y las feas trivialidades de la vida me hundieron en la locura como esas gotas de agua que…
San Agustín
13. Continuando Alipio la carrera regular de los estudios, que sus padres le habían encargado mucho que siguiese, antes que yo se fue…
La casa encantada
Una joven soñó una noche que caminaba por un extraño sendero campesino, que ascendía por una colina boscosa cuya…
Camino de perfección
La pereza
Hombres necios
Redondillas
Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
…
Carta a dos desconocidas
Todavía no sé cuál es tu nombre. Te siento tan mía que llamarte de algún modo sería como separarm…
Lo innombrable
Estábamos sentados en una ruinosa tumba del siglo XVI, a avanzada hora de la tarde de un día de otoño, en el viejo ce…