Alba
La fábula de los ciegos
Durante los primeros años del hospital de ciegos, como se sabe, todos los internos detentaban los mismos derechos y sus pequeñ…
La muerte
El labrador que había cambiado las lindes
Un labrador, cerca de Astigarraga, poseía un caserío y muchas tierras que le daban buen dinero. Era un hombre trabajador aunqu…
La fuerza de la sangre
Del canto de mí mismo
Me celebro y me canto.
Lo que me atribuyo también quiero que os lo atribuyáis,
Pues cada át…
Canción de Navidad
Sí, y la columna era la suya. La cama era la suya y suya era la habitación. Pero lo mejor de todo es que el tiempo que le qued…
Poderoso caballero es Don Dinero
Poema 4
Todavía
No lo creo todavía
estás llegando a mi lado
y la noche es un puñado
de estrellas y de alegría
…
Lo que es la Navidad a medida que envejecemos
Hubo un tiempo en el que, para la mayoría de nosotros, el día de Navidad envolvía nuestro limitado mundo como un anill…
La confesión de un crimen
En el vasto salón del Prado aún no había gente. Era temprano; las cinco y media nada más. A falta de personas fo…
Celephais
En un sueño, Kuranes vio la ciudad del valle, y la costa que se extendía más allá, y el nevado pico que dominab…
La casa encantada
Un lugar limpio y bien iluminado
Era tarde y todos habían salido del café con excepción de un anciano que estaba sentado a la sombra que hacían l…
Lo que no se puede decir, no se debe decir
Hay verdades de verdades, y a imitación del diplomático de Scribe, podríamos clasificarlas con mucha razón en do…
Terror
Al caer la tarde, Corrales se dirigió al galpón de las
herramientas, donde estaba el catre del viejo Cetrini. La
verdad, s…
Aventura incomprensible
Todavía no hace cien años, en varios lugares de Francia perduraba aún la absurda creencia de que, entregando el alma al…
El mozalbete de la cabeza dura y su hermana del pie pequeño
Los ocios encantadores de la adolescencia desocupada
Se cuenta –pero Alah es más sabio– que en una ciudad entre las ciudades de un p…
Solo
Fresnedo dormía profundamente su siesta acostumbrada. Al lado del diván estaba el velador maqueado, manchado de ceniza de ciga…