Alba
Espérame
En busca de luz para mis cansados ojos, fui un verano a Deva, a tomar los baños de su agitado mar, y entre los bañistas conoc…
La mujer del boticario
La pequeña ciudad de B***, compuesta de dos o tres calles torcidas, duerme con sueño profundo. El aire, quieto, está ll…
Muerte, no seas mujer
Estás dormida a dos metros de mí.
En lugar de escribir me pongo a mirarte.
¡No hay nada que decir!
…
Arco iris
A veces
por supuesto
usted sonríe
y no importa lo linda
o lo fea
lo vieja
o lo joven
lo muc…
The last dream of the old oak
In the forest, high up on the steep shore, and not far from the open seacoast, stood a very old oak-tree. It was just three hundred and sixt…
La muerte de un hijo
Desarata declara que la pérdida que sufre es un castigo
(Del Ramayana)
Un día, cuando ias lluvias refrescaron la tierra e hic…
Cuento de invierno
Un canario como regalo
El tren pasó rápidamente junto a una larga casa de piedra roja con jardín, y, en él, cuatro gruesas palmeras, a …
El alambre de púa
Durante quince días el alazán había buscado en vano la senda por donde su compañero se escapaba del potrero. El…
La Constitución Española
Pulgarcito
Érase una vez un pobre campesino que se sentaba por las noches al fogón, atizaba el fuego y la mujer le acompañaba e …
Cien años de sueño
Yo no sé si es por el estado de sobreexcitación, de hiperestesia en que vive la humanidad, en fuerza de esta terrible y perp…
El ángel de la muerte y el rey de Israel
Se cuenta de un rey de Israel que fue un tirano. Cierto día, mientras estaba sentado en el Trono de su reino, vio que entraba un hom…
Instrucciones para llorar
Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el esc&aacu…
A la espera de la oscuridad
Ese instante que no se olvida
Tan vacío devuelto por las sombras
Tan vacío rechazado por los relojes
Ese pob…
El monte de las ánimas
II
Los servidores acababan de levantar los manteles; la alta chimenea gótica del palacio de los condes de Alcudiel despedía u…
La muerte de la emperatriz de la China
Delicada y fina como una joya humana, vivía aquella muchachita de carne rosada, en la pequeña casa que tenía un salonci…
Odio desde la otra vida
Fernando sentía la incomodidad de la mirada del árabe, que, sentado a sus espaldas a una mesa de esterilla en el otro extremo …
La mula y el buey
- II -
Allá en lo más hondo de la casa sonaban gemidos de hombres y mujeres. Era el triste lamentar de los padres, que no pod&…
El infierno artificial
Las noches en que hay luna, el sepulturero avanza por entre las tumbas con paso singularmente rígido. Va desnudo hasta la cintura y l…